Crítica: Heavy Rain… Una experiencia que te deja pidiendo más…
Tenía bastante tiempo sin actualizar mi blog, increíble que la última entrada que publiqué fue la crítica de Final Fantasy XIII (en marzo), juego del cual aún no me repongo de la decepción. En fin, estuve checando mi computadora y me di cuenta que tengo varias críticas terminadas pero sin publicar, una de ella de un juegazo, Heavy Rain. Por cierto, es mi primer post desde que los “spaces” se cambiaron de casa a “wordpress”, veamos como funciona…
Heavy Rain es el nuevo título del estudio parisino Quantic Dream y es exclusivo del PlayStation 3. Se vende y presenta como una película interactiva. Es decir, que cuenta una historia y ésta se presenta tal y como se haría en una sala de cine, con la diferencia de que podemos influir en su desarrollo con nuestras acciones.
En las primeras escenas nos introduce a los cuatro personajes principales jugables y se nos sumerge en un misterio escabroso y genialmente trazado. Comenzamos controlando a Ethan Mars, un arquitecto y padre que pierde a uno de sus dos hijos por culpa de un accidente. Eso lo hunde y lo separa de su esposa, su vida llena de éxitos se trunca y se oscurece y pasa de vivir en una casa luminosa y llena de alegría a un apartamento sórdido y deprimente.
El accidente de su primer hijo le produjo agorafobia y miedo a los espacios abiertos, y sufre eventuales desmayos en los que pierde la noción del tiempo. En una de estas pérdidas de conciencia, mientras estaba en un parque con su otro hijo, se produce el desencadenante de la acción. El pequeño Shaun desaparece y todo indica que lo ha secuestrado el Asesino del Origami, un peligroso ser que rapta niños que luego aparecen muertos en descampados.
Al igual que Ethan, los demás personajes se involucrarán de una forma u otra en la búsqueda y rescate de Shaun, y nosotros deberemos implicarnos en sus caminos y controlarlos para poder desentrañar el misterio. Scott Shelby es un detective privado contratado por las familias de las víctimas del asesino que sufre de asma y de un ligero alcoholismo. Madison Page es una periodista con insomnio que se cruzará con Ethan casi por accidente. Norman Jayden es un agente del FBI experto en desarrollar perfiles de sociópatas y adicto a una droga ficticia llamada triptocaína. Todos tienen sus problemas; no son personajes planos. Esas dificultades y adicciones se suman a un carácter definido y redondo y desde que empezamos a controlarlos nos sumergiremos en sus vidas, entenderemos sus problemas y nos identificaremos con ellos.
La base de esta identificación está en las pequeñas decisiones que tomamos con cada uno de ellos. Los escenarios están llenos de detalles y puntos de interacción, y decidimos desde cuándo ir al baño hasta cuándo tomar un café, lavarse la cara o darse una ducha.
Y esa es la clave, que cada uno jugará Heavy Rain de una forma distinta. Todos viviremos el mismo argumento pero nos lo tomaremos a nuestro ritmo y siguiendo nuestra propia filosofía. Estas acciones pequeñas tienen nula influencia en el final pero inciden decisivamente en cómo ves a cada personaje, y eso es un pilar muy bien pensado para conseguir la necesaria inmersión que demanda un producto así.
Sin embargo, y está claro, que sí hay momentos clave en los que el argumento varía dependiendo de lo que hacemos. De hecho los personajes pueden morir —aunque no se acaba la historia si uno lo hace, sigue sin ellos—, así que cuidado. Sobre todo al final todo lo que hagamos tendrá consecuencias directas en el futuro de Shaun.
El argumento, tal y como comentaba, es de auténtico thriller de misterio. Tiene algunos puntos oscuros, como temas que quedan por resolver una vez finalizado, y hay situaciones con algunos de los protagonistas que no acabo de entender demasiado bien. En todo caso es bastante evidente que el DLC iba a resolver estas situaciones, el problema es que solo salió uno al mercado y los demás fueron cancelados, así que nos quedaremos con algunas dudas.
La historia se sostiene durante 7-10 horas y estarás pegado al televisor preguntándote quién demonios es el asesino, y cuando todo se va aclarando surgen nuevas interrogantes. Hay una implicación real, hay una posibilidad real de resolver e imaginar el misterio, y el experimento de querer hacer una película interactiva le ha salido increíble a Quantic Dream, porque han conseguido contar una historia y hacernos sentir parte de ella.
Y lo han logrado sin puntos de experiencia, pantallas, jefes finales, ataques, combos o inventarios. Tu única arma son tus decisiones, ni más ni menos, y nunca tendrás que preocuparte de menús complicados o de algo que te saque de la historia. Hasta los trofeos se muestran tras cada secuencia, para no despistarte de lo que estás viviendo. Es un juego pensado para que lo puedan jugar todos. Incluso existen varios niveles de dificultad, aunque los que estén acostumbrados al control deberán de ir directamente por el más alto.
El control al principio es algo inquietante, pero poco a poco vas acostumbrándote. Caminas con el gatillo derecho y te mueves con el stick izquierdo. También puedes mostrar qué está pensando nuestro personaje en ese momento con el gatillo izquierdo. Interaccionas con el escenario y los personajes ejecutando gestos con el stick derecho.
Estos gestos son más o menos naturales y responden al movimiento real que haríamos si hicieramos eso. Por ejemplo hay que trazar un medio círculo para levantarse de la cama, rotar el stick para girar una manivela o agitar el mando cuando agitamos un tetrapack de jugo de naranja.
Durante la acción (peleas, persecuciones, etc) la mecánica cambia y lo importante es nuestra rapidez y colocación de dedos. Con “quick time events” se nos indica qué botones debemos pulsar en cada momento. Es decir que si estás en un combate deberás pulsar, imaginemos, la equis para parar el primer puñetazo, triángulo para esquivar el segundo, círculo para propinar un derechazo y presionar L1, R1 y cuadrado para inmovilizar al rival. Las acciones que demandan esfuerzo del protagonista requieren esfuerzo a la hora de pulsar botones (hasta 4 al mismo tiempo) y las que exigen rapidez no te dejan dudar ni un segundo.
Lo mismo con las tomas de decisiones urgentes: hay momentos en los que tienes que decidir qué respuesta dar inmediatamente. En la pantalla verás unas cuantas opciones y tienes que optar por una de ellas; aquí, sin embargo, hay un problema, y es que muchas veces la información que te dan no es suficiente para saber si realmente quieres hacer eso.
El PlayStation 3 demuestra su poder con este juego y Quantic Dream ha demostrado su maestría tanto técnica como artísticamente. El modelado de los personajes, la iluminación y las animaciones son soberbias y marca uno de los techos técnicos más importantes de esta generación. Pero, más allá de esto, está la dirección artística. Heavy Rain es un juego lleno de lluvia, de oscuridad y de misterio, y todos los colores y escenarios están pensados para mantenerte en tensión. Visitarás muchos espacios y todos, sin excepción, están pensados al detalle y ejercen un poderoso efecto sobre ti.
En esta misma dirección suena la música, compuesta por Normand Corbeil. El tema principal es perfectamente reconocible y va cambiando al mismo ritmo que la historia. El doblaje esta muy bien logrado, principalmente el inglés, en español no terminó por convencerme.
Está claro que los videojuegos son un medio de expresión y que están buscando su camino… y precisamente por eso son necesarios proyectos como Heavy Rain. Acercarse al cine no es malo, no nos confundamos. Heavy Rain toma muchísimos elementos del 7mo arte y se adapta al lenguaje de los juegos excepcionalmente, lo hace bien, y resulta en una aventura distinta a todo lo que hemos probado (y seguramente probaremos en un tiempo). Es poco rejugable, porque una vez descubres el misterio pierde un poco la gracia, pero seguro que vuelves a él para descubrir todos los finales posibles. Un último detalle, ahora Heavy Rain es compatible con el Move. Es pocas palabras, Heavy Rain es inquietante, inmersivo, tiene un guión fabuloso y puede ser jugado por cualquiera, obviamente mayor de 18 años…











































